La rosa de Toulouse

En el jardín del convento Santo Tomás de Aquino de Toulouse
El 11 de julio del 2009


Las tarjetas para la Promoción General del Rosario han sido distribuidas por decenas de miles. Representan, en el frente, una fotografía tomada por fray Louis-Marie Ariño-Durand, OP, y pueden ser utilizadas como una predicación sencilla y evocadora. Todas tienen el mismo respaldo, en las grandes como en las pequeñas: en ellas encontramos, en las tres lenguas oficiales de la Orden dominicana, el eslogan del sitio «Reza, predica, vive… ¡el Rosario!»


¡Una rosa! ¡La reina de las flores para la Reina del Cielo! Una flor que dará además su nombre al Rosario.

La que ha servido de modelo a esta postal fue tomada muy de mañana, cuando precisamente estaba todavía bañada por el rocío.


Esta rosa ciertamente no es perfecta, pero es bella.
Es bella porque existe, sencillamente. No porque piense, diga o hagasino porque existe.

Ocurre lo mismo con mi vida o mi oración. No es perfecta, cierto, pero es bella. ¡No porque piense, diga o haga… sino porque existo… como imagen de Dios! Si espero que mi vida sea perfecta para vivir plenamente, si espero que mi oración sea perfecta para rezar… ¡Es evidente que nunca haré nada y que jamás me pondré a rezar!

La rosa, reina de las flores, es el regalo que hace el amado a su amada. Un hermano de mi Provincia, cuando enseña a rezar el rosario a los niños, compara cada Ave María a una rosa ofrecida a Nuestra Señora. ¡Nuestra oración se convierte en un ramillete que sin duda le place!


Esta rosa, cubierta de rocío nos da una impresión de frescura, de candidez casi. Es así que debe de ser nuestra vida, y nuestra vida religiosa todavía más: ¡Siempre fresca! ¡No hay nada peor que un joven de 20 años…que ya es viejo! ¡Y un gran número de nuestros mayores, cuyo cuerpo sufre por el paso de los años, lo son todo menos viejos…su corazón es muy joven!

En la oración del rosario, repetitiva por naturaleza, es la Palabra, siempre fresca y nueva, que viene a hacer su mansión en nosotros. ¡Aprendamos a acogerla con un corazón renovado!


En fin, esta rosa es como toda vida, efímera. De ella se desprende un perfume sutil, como nuestra vida debe de difundir el buen olor de Cristo.

Cierto, para acercarse a ella, será necesario soportar algunas espinas…pero ¡Qué alegría poder contemplar la belleza gratuita de esta flor!


¿Qué esperamos para ofrecer nuestras rosas más bellas a Nuestra Señora?

 

Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, OP
Promotor General del Rosario

 
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