La Natividad


Iglesia de San Benito – Auckland – Nueva Zelanda
El día 8 de julio del 2008

Las tarjetas para la Promoción General del Rosario han sido distribuidas por decenas de miles. Representan, en el frente, una fotografía tomada por fray Louis-Marie Ariño-Durand, OP, y pueden ser utilizadas como una predicación sencilla y evocadora. Todas tienen el mismo respaldo, en las grandes como en las pequeñas: en ellas encontramos, en las tres lenguas oficiales de la Orden dominicana, el eslogan del sitio « Reza, predica, vive… ¡el Rosario! »


¿Se han fijado cuán difícil es encontrar « verdaderas » tarjetas postales de Navidad? En numerosos países, la referencia al nacimiento de Cristo se ve borrada y uno se limita a desear « Felices fiestas »… ¡para evitar hablar de Navidad!

Por esta razón ha sido escogida una gran tarjeta postal para la Promoción general del Rosario. Se trata de la fotografía de una vidriera que se encuentra en una iglesia al cargo de los hermanos dominicos en Nueva Zelanda.


Esta vidriera, moderna, ha sido escogida por diversas razones.

En primer lugar, la representación del nacimiento es sencilla y bella. El Niño Jesús está en el centro y a su alrededor se encuentran José y María, muy presentes. Evidentemente, no faltan el buey y el asno, personajes acostumbrados de los nacimientos que tanto nos gustan ver y que hacen que no olvidemos los nacimientos de nuestra infancia.

También, Jesús, en el centro, es el que da la luz a la escena. La luz, al mismo tiempo dulce y franca viene de él y se extiende alrededor de él, como suele hacerlo la luz del sol. Él es la luz del mundo dada en la noche de Belén, en las oscuridades de nuestras vidas.

Finalmente, si estamos acostumbrados a la presencia de María cerca de su Hijo, la postura de José puede sorprendernos. A veces, lo colocan a parte en las representaciones de la Natividad, cuando no está completamente ausente. Aquí, su actitud y, en particular su mirada, manifiestan intensamente su presencia ante el Niño.


La Natividad lo es todo salvo un misterio complicado.

Basta con acercarse a la luz, abrir sus ojos y contemplar.

Y allí, en el silencio de la noche, con María y José, encontrar al Niño, luz nacida de la luz.


Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, OP

Promotor General del Rosario

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